Pifia de Canó: penas y tristeza para RD


Un balde de agua fría cayó sobre el pueblo dominicano el pasado martes 15 cuando se recibió la infausta noticia de que el astro del béisbol Robinson Canó había sido sancionado con una suspensión de 80 juegos porque dio positivo a una sustancia prohibida.

La pifia que en esta ocasión cometió nuestro Robinson Canó llenó de penas y tristeza a la R. Dominicana por todo cuanto él representa para el béisbol, deporte favorito de los dominicanos.

En su vigente trayectoria como estelar jugador de la segunda base, Canó se ha granjeado la simpatía y admiración al obtener estadísticas que le perfilaban un espacio en el salón de los inmortales de Cooperstown, acompañando a los eximios Juan Marichal, Pedro Martínez, Vladimir Guerrero y también a los futuros inmortales Albert Pujols, Adrián Beltré y David Ortiz.

Desde los inicios, el 23 de septiembre de 1956, del histórico Osvaldo Vigil, primer dominicano que jugó en las Grandes Ligas, por ese importante escenario deportivo han desfilado unos 726 peloteros dominicanos. Muchos de ellos, a través de sus extraordinarias actuaciones han dado múltiples satisfacciones, han promovido en forma positiva al país y han elevado a la cúspide de los deportes el orgullo patrio de la RD.

Lamentablemente, una minoría ha cometido errores en sus comportamientos. Desde el 2006, el 48 % de los jugadores sancionados por dopaje en las Grandes Ligas son de orígen dominicano. Otros han sido multados por falsedad en las edades y nombres indebidos en sus actas de nacimiento.

A sus 35 años, nuestro Robinson Canó ha obtenido importantes logros: jugador más valioso en una de las 8 veces que fue elegido para el Juego de Todos Estrellas de las Grandes Ligas, es quinto entre los activos con 2,417 hits, ganador de dos guantes de oro, con contrato 240 millones de dólares garantizado hasta 2023 con los Marineros de Seatles y también fue líder de la selección de RD que conquistó el título del Clásico Mundial de Béisbol, en 2003.

Robinson Canó cometió un error. Aceptémosle su excusa a través de su confesión: “Me disculpo con mi familia, mis amigos, fanáticos, mis compañeros de equipo y la organización de los Marineros. Estoy muy agradecido por el apoyo que he recibido durante este proceso”.

Con valentía, Canó admitió que cometió una pifia al consumir “furosemide”, un diurético prohibido, por lo cual ha sido penalizado con la suspensión de 80 juegos, perderá unos 12 millones de dólares (más de 580 millones de pesos), se mancha su hoja de excepcional jugador y se levanta un obstáculo en su camino al Salón de la Fama de Cooperstown.

Ante esa situación, los dominicanos debemos reiterar respaldo y mayores estímulos a Robinson Canó, a los fines de que, a su regreso en agosto próximo, pueda seguir cosechando éxitos en el gran espectáculo deportivo del béisbol profesional y continuar generando entretenimiento y alegría a los seguidores del béisbol y, en especial, al pueblo dominicano.

Desde el Municipio, exhortamos a seguir apoyándolo y demostrarle la confianza que le tenemos por ser un excelente atleta y nuestro representante en su rol de estelar jugador. Vamos a aceptar su humilde manifestación de tratar de enmendar su error para que, en ambas situaciones, se pueda presentar en calidad de ejemplo y válido aprendizaje para los niños y jóvenes dominicanos que incursionan en las lides deportivas, para no volver a pasar por las penas y tristeza que la pifia de Robinson Canó produjo a la RD.

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